Todos pensaron que lo dije en broma para romper la tensión que se genera en el área de sistemas cuando algo está fallando y las sucursales no pueden atender a los clientes como es debido. Pero no, mi respuesta salió desde el fondo de mi corazón.
Desde ese momento me pusieron como sobrenombre “mamá minivanera”, comentaban como gran anécdota mi ocurrencia y algunos me pidieron entre risas que cuando alcanzara mi sueño, no obstruyera el tráfico como lo hacen ese tipo de mamás por querer dejar a sus retoños justo frente a la entrada de la escuela.
Hoy, doce años después de aquella plática, soy una orgullosa mamá minivanera, tal y como me imaginé en aquel entonces. No obstruyo el tráfico y no les digo a mis hijos que se cuiden, les digo "¡disfruten el día y diviértanse!" ¿qué no es esa la razón por la que estamos en este mundo?
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