La entrada de nuestra casa debe ser muy agradable. A mis hijos les encanta pasar un buen rato allí antes de salir rumbo a la escuela. Minutos que a mí se me hacen una eternidad al ver como avanza el reloj. Debo reconocer que son minutos bastante creativos. Todos los días se inventan algo diferente. Una de sus últimas ocurrencias fue ésta:
Durante el desayuno en la cocina:
- mi hija: "Mamá quiero ir a Cancún, quiero vivir en la playa, quiero nadar todos los días."
- yo: "No vamos a ir a Cancún tan pronto. Tómate la leche se nos hace tarde."
Minutos después junto al armario que tenemos cerca de la entrada:
- yo: "Niños! Apúrense! Pónganse la chamarra, los zapatos!"
- mi hijo (en voz baja): "Quieres ir a Cancún? Yo tengo poderes mágicos y puedo mandarte hasta allá en un abrir y cerrar de ojos. Métete al armario!"
- mi hijo (en voz alta): "Mamá! mi hermana ya no está aquí, ahora está en Cancún. Cómo está el clima allá? Te diviertes?"
- mi hija (a gritos): "Mucho! Estoy nadando y hay sol"
- yo: "Si no usas tus poderes mágicos de inmediato y traes a tu hermana de regreso, vas a llegar tarde a la escuela"
- mi hijo: "Oh! Lo siento hermana, se te acabaron las vacaciones tienes que regresar porque si no llegamos tarde"
Mi hijo abre la puerta del armario y mi hija salta llena de energía. Cómo se ve que esos 5 minutos en su Cancún imaginario le alegraron el día. Un día de estos me voy a encerrar unos minutos en ese armario a ver si salgo igual de feliz 😄
11/2/17
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