22/6/17

Si no, se acaba

¡Adoro la lasaña! No puedo evitar pedir lasaña cuando voy a un restaurante italiano. Leo toda la carta e invariablemente pido lasaña y convenzo a mis acompañantes para que ordenen otro platillo y así yo puedo probar de todo.

Hace dos años nos mudamos de casa y ahora vivimos muy cerca del restaurante italiano Dolce Vita. Por supuesto la primera vez que fui, pedí lasaña, la segunda y tercera vez también, pero después decidí que no quería pedir lasaña siempre, quería probar todo porque se escuchaba simplemente delicioso.

Después de degustar varios platillos como tagliatelle al salmone, ravioli quatre formaggios, bruschetta al pomodoro, pizza capricciosa, insalata caprese y por supuesto muchos tiramisús, decidí que era hora de volver a pedir una lasaña.

Para mi desilusión, no había. La siguiente vez pedí nuevamente lasaña y mi hijo también, pero otra vez nos dijeron que se había terminado. La tercera vez volvimos a intentarlo y nuevamente no tuvimos éxito. Entonces pregunté qué pasaba, no podía creer que tuviéramos tan mala suerte.

El dueño italiano me explicó cantinfleando en alemán que no preparaba lasaña porque si hacía una, después todos la empezaban a pedir y no le quedaba suficiente salsa boloñesa para preparar otros platillos y además ni siquiera alcanzaba a cocinar otros platillos porque todos querían sólo lasaña.

Lo miré con cara de what y con el corazón tranquilo. Me tranquilizó saber que Garfield, mi hijo y yo, no somos las únicas personas que adoran la lasaña, pero, o sea, ¿cómo? ¿No hace lasaña porque si la hace se acaba? ¿No hace lasaña porque se vende muy bien? ¿O es que él puso más atención que yo en la clase de economía y entendió mejor el concepto de frontera de posibilidades de producción?

Lo que yo opino señor Chef Sebastiano es que usted está manipulando la escasez de la lasaña para afectar el punto de equilibrio de las curvas de la oferta y la demanda y de esta forma hacerme suplicarle que me vuelva a preparar una deliciosa y riquísima lasaña.

12/5/17

Mamá Carrie Bradshaw

Si Carrie Bradshaw y Mr. Big tuvieran hijos, seguramente ella manejaría una minivan para desplazarse cómodamente con sus retoños. No creo que los llevara en taxi como viajaba ella cuando era soltera, pero si creo que se estacionaría en cualquier lugar sin importarle que la multaran.

Después de dejar a sus hijos en el colegio se reuniría con sus amigas para tomar un Latte Macchiato y refunfuñar del tráfico de Nueva York. Iría a caminar al Central Park para inspirarse y mantenerse en forma. Se preocuparía por la alimentación de sus hijos y compraría productos orgánicos en Westerly Natural Market. Llegaría a casa apresurada y mientras la cocinera se encargaría de preparar algo delicioso y nutritivo, ella escribiría en su MacBook todas las ideas para su columna.

Mr. Big pasaría al colegio por los niños y llegarían a casa para comer en familia. Por la tarde Mr. Big regresaría al trabajo. Carrie llevaría a sus hijos a diversos cursos. Se sentaría en la cafetería fair trade más cercana y sacaría su MacBook del bolso para aprovechar esos minutitos. Seguramente preferiría un Vaneau GM a un Capucines BB, pero eso sí, siempre fiel a Louis Vuitton.

Una cena balanceada y una bañera con burbujas cerrarían el día de los niños. Una cena a la luz de las velas y una copa de burbujeante sekt cerraría el día de Mrs. Bradshaw y Mr. Big.

Muy probablemente su columna en el New York Times hubiera dado un giro, dejaría de llamarse “Sex and the city” para dar paso a “Minivan and Latte Macchiato”. Y como yo no sólo quiero ser una “mamá minivanera y latte macchiato”, escribo estas líneas para sentirme también una “mamá Carrie Bradshaw”

10/5/17

Mamá Latte Macchiato

En octubre del 2011, mientras mi bebé dormía y yo tomaba un Latte Macchiato en un Café de Berlín, leía una crítica titulada “Las hembras piensan que son mejores”. ¿Cómo recuerdo que eso pasó en octubre del 2011? Porque coincidió con la muerte de Steve Jobs. Las palabras de la autora Anja Maier desviaron mi atención del fenómeno Jobs, con el cuál me sentía bombardeada.

Prenzlauer Berg es una zona alternativa y multicultural de Berlín que se ha puesto de moda en los últimos años. Anja Maier escribió sobre la antipatía que sentía la dueña de un café de esta zona por las mamás que frecuentaban su local. “¡Oh, Dios mío! Prenzlauer Berg fue alguna vez undergroud, homosexual y lésbica, todo, yo soy de aquí. Ahora viene el pelotón a sentarse, sacan sus ubres y amamantan a sus hijos. No se tapan con una cobija, nooo, quieren que todos vean, que ellas pueden alimentarlos, que lo hacen a pesar de sus cuarenta o yo que sé cuantos años tengan!“ En resumen, a la dueña le molestaba que las mamás se reunieran en su local y que otros clientes ya no quisieran asistir a su café para no verse rodeados de bebés. Le molestaba todo lo que hacen las “Mamás Latte Macchiato”. Primera vez que yo me topaba con este término.

El Duden, que viene siendo el equivalente alemán de nuestro Diccionario de la Real Academia Española, define a las Mamás Latte Macchiato de la siguiente manera:

“Las mamás modernas no se sientan aisladas en su casa a cuidar a su pequeño bulto llorón. En lugar de sucumbir a su papel de amas de casa, viven un nuevo estilo de vida. Las mamás 'in' se reúnen con sus amigas para ir de compras, se sientan por horas con sus hijos en los cafés de moda y toman cafés de moda mientras los pequeños disfrutan tranquilos sus espumosas leches. Estas mamás se pueden encontrar en los barrios 'in' de las metrópolis urbanas, en las que los niños se han convertido en un accesorio de moda y un símbolo de estatus.”

Me pareció más una crítica que una definición, así que seguí navegando en internet en búsqueda de más información. En otro sitio, que desgraciadamente ya no está disponible, escribían lo que a continuación me permití traducir libremente:

Las Mamás Latte Macchiato se preocupan por su alimentación y la de su familia, prefieren comprar productos orgánicos en mercados locales. Encuentran el equilibrio entre su propia satisfacción y la responsabilidad que tienen con sus hijos y con el mundo. Practican una ética de consumo al ser conscientes de lo que compran y dónde lo compran. Disfrutan de la vida tanto en un ambiente natural, como en un ambiente urbano. Gozan de estabilidad financiera, lo que les permite disfrutar la vida. Son mujeres activas, que no se amargan al convertirse en madres, siguen reuniéndose con sus amigas en los cafés, continúan visitando exposiciones de arte, pasan sus vacaciones en una finca o en una metrópoli, pero no solas, sino con su familia. Las Mamás Latte Macchiato pertenecen a la clase creativa. Trabajan desde casa o en oficina, a veces más, a veces menos, dependiendo del proyecto. Sus hijos no les estorban. Al contrario, sus hijos son parte importante de la vida bohemia y cultural que las rodea. Sus necesidades individuales no les impiden participar en su entorno, ya sea organizando la fiesta del barrio o participando activamente en el proyecto de hortalizas del jardín al que asisten sus niños.

¡Wow! Pensé en aquel momento mientras cerraba el periódico. Mi bebé todavía estaba dormido a pesar del ruido de aquel Café ¿Será que algún día llegaré a ser una Mamá Latte Macchiato?

8/5/17

Mamá Minivanera

Cuando estaba recién egresada de la universidad, platicaba con mis compañeros de trabajo sobre cómo nos veíamos en 10 años. Unos querían ser gerentes o directivos del banco donde trabajabamos, otros querían desarrollarse profesionalmente en una empresa transnacional, algunos querían tener su propio negocio y cuando llegó mi turno y dije lo que pensaba, todos se ríeron: “Yo me veo manejando una minivan y llevando a mis hijos a la escuela, a sus cursos, al parque. Por la mañana organizando cosas del hogar y de mi familia. Desayunando de vez en cuando con las amigas. Pero eso sí, lejos de este banco.”

Todos pensaron que lo dije en broma para romper la tensión que se genera en el área de sistemas cuando algo está fallando y las sucursales no pueden atender a los clientes como es debido. Pero no, mi respuesta salió desde el fondo de mi corazón.

Desde ese momento me pusieron como sobrenombre “mamá minivanera”, comentaban como gran anécdota mi ocurrencia y algunos me pidieron entre risas que cuando alcanzara mi sueño, no obstruyera el tráfico como lo hacen ese tipo de mamás por querer dejar a sus retoños justo frente a la entrada de la escuela.

Hoy, doce años después de aquella plática, soy una orgullosa mamá minivanera, tal y como me imaginé en aquel entonces. No obstruyo el tráfico y no les digo a mis hijos que se cuiden, les digo "¡disfruten el día y diviértanse!" ¿qué no es esa la razón por la que estamos en este mundo?

11/2/17

Cinco minutos en Cancún

La entrada de nuestra casa debe ser muy agradable. A mis hijos les encanta pasar un buen rato allí antes de salir rumbo a la escuela. Minutos que a mí se me hacen una eternidad al ver como avanza el reloj. Debo reconocer que son minutos bastante creativos. Todos los días se inventan algo diferente. Una de sus últimas ocurrencias fue ésta:

Durante el desayuno en la cocina:

- mi hija: "Mamá quiero ir a Cancún, quiero vivir en la playa, quiero nadar todos los días."
- yo: "No vamos a ir a Cancún tan pronto. Tómate la leche se nos hace tarde."

Minutos después junto al armario que tenemos cerca de la entrada:

- yo: "Niños! Apúrense! Pónganse la chamarra, los zapatos!"
- mi hijo (en voz baja): "Quieres ir a Cancún? Yo tengo poderes mágicos y puedo mandarte hasta allá en un abrir y cerrar de ojos. Métete al armario!"
- mi hijo (en voz alta): "Mamá! mi hermana ya no está aquí, ahora está en Cancún.  Cómo está el clima allá? Te diviertes?"
- mi hija (a gritos): "Mucho! Estoy nadando y hay sol"
- yo: "Si no usas tus poderes mágicos de inmediato y traes a tu hermana de regreso, vas a llegar tarde a la escuela"
- mi hijo: "Oh! Lo siento hermana, se te acabaron las vacaciones tienes que regresar porque si no llegamos tarde"

Mi hijo abre la puerta del armario y mi hija salta llena de energía. Cómo se ve que esos 5 minutos en su Cancún imaginario le alegraron el día. Un día de estos me voy a encerrar unos minutos en ese armario a ver si salgo igual de feliz 😄



7/6/14

¿Qué es más importante, lo de adentro o lo de afuera?

Antes de cumplir los 20 años me prometí algo pensando en mí y en mi esposo. En aquel entonces todavía no sabía cuándo ni con quién me casaría. Pero un curso de yoga me llevó a la siguiente reflexión.

Nunca me ha gustado hacer ejercicio, aún así he tomado diversos cursos intentando encontrarle el lado divertido al deporte. Cuando fue la huelga de la UNAM, tenía mucho tiempo libre y me inscribí a un curso de yoga. Las clases eran todas las mañanas y había varias instructoras que se iban turnando según el día y la hora. Estaba la instructora voluptuosa tipo Pamela Andersen, la instructora mayor mal encarada, la instructora bonachona regordeta y la instructora joven estudiante. Los asistentes eran en su mayoría amas de casa con varias décadas de edad. Mujeres de clase media que decidieron tomar una actividad para distraerse un poco o para hacer algo bueno por su salud. Mujeres casadas, con hijos y dedicadas al hogar.

La clase se dividía en 3 partes: ejercicios de calentamiento, baño con agua fría y posturas de yoga. Para los ejercicios todos usabamos ropa holgada y cómoda. Nadie llevaba ropa de marcas conocidas. Para las posturas usabamos ropa blanca por aquello de la energía y buena vibra. Los ejercicios de calentamiento me ayudaron a bajar algunos kilitos, los ejercicios de yoga me ayudaron para aumentar mi elasticidad, pero bañarme con agua fría no me gustó, Todos los beneficios físicos disminuyeron en cuanto dejé de ir a las clases. Pero lo que ví en los vestidores se quedó en mi memoria para siempre.

Las mujeres, esas mujeres que me hicieron reflexionar, se camuflageaban durante la clase. Al llegar, todavía adormiladas, no lucían su mejor lado. Al salir, todas se veía bien, algunas mejor que otras, pero todas arregladas, bien peinadas, algunas maquilladas, todas listas para empezar el día. En los vestidores es dónde me di cuenta de que no quería ser como ellas cuando tuviera su edad y mucho menos cuando estuviera casada. Todas se avergonzaban de sus cuerpos, hacían grandes malabares con sus enormes toallas tratando de cubrirse mientras se desvestían o se vestían. En ropa interior se sentían un cuanto protegidas, pero desnudas no sabían ni a dónde mirar. Si bien sus cuerpos dejaban ver el paso del tiempo, lo que a mí me impactó fue su ropa interior. ¿Cómo podían usar esas prendas matapasiones, tan viejas, a veces descosidas y que en la mayoría de los casos no combinaban? ¿Cómo podían presentarse al mundo de una forma y ante sus maridos de otra? En aquel momento me prometí a mí misma que trataría de usar ropa interior presentable todos los días de mi vida.

Al llegar a Dresden, Alemania, noté que las personas no se arreglan tanto como en Mexico. Predomina la moda de la comodidad y el que me importa. Pareciera que las mujeres se esmeraran en usar prendas que definitivamente no combinan y entre menos femeninas se vean se sienten mejor. La mayoría de las mujeres en Dresden no mueren por una bolsa Louis Vuitton, ni por cambiar su guardaropa cada temporada. Escogen ropa multifuncional, apta para todo tipo de clima. Compran una chamarra Jack Wolfskin para estar bien preparadas tanto en la ciudad como en las montañas durante varios años. Escogen una mochila Deuter y unas botas Lowa para completar su atuendo. Claro que no todas son así. También están las darks, las hippies, las fashion, etc. Pero lo que siempre imaginaba con horror, sobre todo de esas que escogen ropa outdoor, era su ropa interior.

Ya casada, fui a un gimnasio. Ir regularmente se convirtió en un martirio y comprobé una vez más que la rutina deportiva no es lo mío. Pero esa experiencia me dio la oportunidad de conocer a las mujeres de Dresden desde otro punto de vista. En los vestidores había mujeres de todas las edades. Había estudiantes, profesionistas, amas de casa, pensionadas, etc. Pero todas ellas eran mujeres que no se avergonzaban de su aspecto físico. Se encremaban todo el cuerpo sin importar quién estuviera a su lado. Usaban la toalla sólo para secarse y no para esconderse. Lo que más me asombró fue su ropa interior, siempre combinada y en buen estado, abarcando todos los estilos, desde el cómodo y deportivo hasta la lencería más sexy. Esas mujeres que, desde mi punto de vista, necesitaban algunos consejos de moda en lo que al exterior se refiere, cambiaron en mi mente el significado de la frase: “Lo importante es lo de adentro”.

Yo por si las dudas, todas las noches cuando pienso que me voy a poner al siguiente día, pienso en TODO lo que me voy a poner al siguiente día, tratando siempre de cumplir aquella promesa que me hice en los vestidores del curso de yoga.

14/5/14

Nube Siete

Desde que vivo en Alemania tengo la sensación de que mi cabeza se convirtió en una zona en construcción. Pareciera como si en la puerta de mi cerebro hubiera un gran letrero que alertara a las ideas que quieren entrar o salir del peligro que corren al pasar por allí. Peligro porque a cada momento mis pensamientos necesitan una ampliación, una ventana o un puente para seguir vigentes. Necesitan nuevos cimientos para volver a edificarse. Incluso puede bastar un empujoncito para derrumbarlos por completo. Dentro de este desorden es como hoy he decidido dar inicio a

Nube Siete
 
Y por qué Nube Siete? Los alemanes utilizan esta expresión (Wolke Sieben) para referirse a un estado de gran felicidad o enamoramiento. En inglés se utilizan las expresiones "séptimo cielo" (Seventh Heaven) o "nube nueve" (Cloud Nine) para el mismo fin. En español decimos "estar en las nubes", "vivir en las nubes" o "sentirse como en las nubes" cuando soñamos despiertos, cuando estamos fuera de la realidad, ya sea por despiste, por felicidad o por amor.

En el cielo se ubica lo intangible, lo inalcanzable, lo que anhelamos, lo que extrañamos. Estrellas, cometas, nubes, arcoiris, dioses, santos, ángeles, espíritus, un sin fin de cosas están allá, lejos de nosotros. Nos cuidan, nos vigilan, nos inspiran, nos observan. Mis ideas están flotando sin orden y sin dirección, se mueven de aquí para allá, girando e inquietándome. Muchas veces me hacen sentir en la Nube Siete cuando logro atraparlas y darles forma. Y aquellas que logre sacar del mundo abstracto, las plasmaré aquí, en esta Nube Siete.
 
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