12/5/17

Mamá Carrie Bradshaw

Si Carrie Bradshaw y Mr. Big tuvieran hijos, seguramente ella manejaría una minivan para desplazarse cómodamente con sus retoños. No creo que los llevara en taxi como viajaba ella cuando era soltera, pero si creo que se estacionaría en cualquier lugar sin importarle que la multaran.

Después de dejar a sus hijos en el colegio se reuniría con sus amigas para tomar un Latte Macchiato y refunfuñar del tráfico de Nueva York. Iría a caminar al Central Park para inspirarse y mantenerse en forma. Se preocuparía por la alimentación de sus hijos y compraría productos orgánicos en Westerly Natural Market. Llegaría a casa apresurada y mientras la cocinera se encargaría de preparar algo delicioso y nutritivo, ella escribiría en su MacBook todas las ideas para su columna.

Mr. Big pasaría al colegio por los niños y llegarían a casa para comer en familia. Por la tarde Mr. Big regresaría al trabajo. Carrie llevaría a sus hijos a diversos cursos. Se sentaría en la cafetería fair trade más cercana y sacaría su MacBook del bolso para aprovechar esos minutitos. Seguramente preferiría un Vaneau GM a un Capucines BB, pero eso sí, siempre fiel a Louis Vuitton.

Una cena balanceada y una bañera con burbujas cerrarían el día de los niños. Una cena a la luz de las velas y una copa de burbujeante sekt cerraría el día de Mrs. Bradshaw y Mr. Big.

Muy probablemente su columna en el New York Times hubiera dado un giro, dejaría de llamarse “Sex and the city” para dar paso a “Minivan and Latte Macchiato”. Y como yo no sólo quiero ser una “mamá minivanera y latte macchiato”, escribo estas líneas para sentirme también una “mamá Carrie Bradshaw”

10/5/17

Mamá Latte Macchiato

En octubre del 2011, mientras mi bebé dormía y yo tomaba un Latte Macchiato en un Café de Berlín, leía una crítica titulada “Las hembras piensan que son mejores”. ¿Cómo recuerdo que eso pasó en octubre del 2011? Porque coincidió con la muerte de Steve Jobs. Las palabras de la autora Anja Maier desviaron mi atención del fenómeno Jobs, con el cuál me sentía bombardeada.

Prenzlauer Berg es una zona alternativa y multicultural de Berlín que se ha puesto de moda en los últimos años. Anja Maier escribió sobre la antipatía que sentía la dueña de un café de esta zona por las mamás que frecuentaban su local. “¡Oh, Dios mío! Prenzlauer Berg fue alguna vez undergroud, homosexual y lésbica, todo, yo soy de aquí. Ahora viene el pelotón a sentarse, sacan sus ubres y amamantan a sus hijos. No se tapan con una cobija, nooo, quieren que todos vean, que ellas pueden alimentarlos, que lo hacen a pesar de sus cuarenta o yo que sé cuantos años tengan!“ En resumen, a la dueña le molestaba que las mamás se reunieran en su local y que otros clientes ya no quisieran asistir a su café para no verse rodeados de bebés. Le molestaba todo lo que hacen las “Mamás Latte Macchiato”. Primera vez que yo me topaba con este término.

El Duden, que viene siendo el equivalente alemán de nuestro Diccionario de la Real Academia Española, define a las Mamás Latte Macchiato de la siguiente manera:

“Las mamás modernas no se sientan aisladas en su casa a cuidar a su pequeño bulto llorón. En lugar de sucumbir a su papel de amas de casa, viven un nuevo estilo de vida. Las mamás 'in' se reúnen con sus amigas para ir de compras, se sientan por horas con sus hijos en los cafés de moda y toman cafés de moda mientras los pequeños disfrutan tranquilos sus espumosas leches. Estas mamás se pueden encontrar en los barrios 'in' de las metrópolis urbanas, en las que los niños se han convertido en un accesorio de moda y un símbolo de estatus.”

Me pareció más una crítica que una definición, así que seguí navegando en internet en búsqueda de más información. En otro sitio, que desgraciadamente ya no está disponible, escribían lo que a continuación me permití traducir libremente:

Las Mamás Latte Macchiato se preocupan por su alimentación y la de su familia, prefieren comprar productos orgánicos en mercados locales. Encuentran el equilibrio entre su propia satisfacción y la responsabilidad que tienen con sus hijos y con el mundo. Practican una ética de consumo al ser conscientes de lo que compran y dónde lo compran. Disfrutan de la vida tanto en un ambiente natural, como en un ambiente urbano. Gozan de estabilidad financiera, lo que les permite disfrutar la vida. Son mujeres activas, que no se amargan al convertirse en madres, siguen reuniéndose con sus amigas en los cafés, continúan visitando exposiciones de arte, pasan sus vacaciones en una finca o en una metrópoli, pero no solas, sino con su familia. Las Mamás Latte Macchiato pertenecen a la clase creativa. Trabajan desde casa o en oficina, a veces más, a veces menos, dependiendo del proyecto. Sus hijos no les estorban. Al contrario, sus hijos son parte importante de la vida bohemia y cultural que las rodea. Sus necesidades individuales no les impiden participar en su entorno, ya sea organizando la fiesta del barrio o participando activamente en el proyecto de hortalizas del jardín al que asisten sus niños.

¡Wow! Pensé en aquel momento mientras cerraba el periódico. Mi bebé todavía estaba dormido a pesar del ruido de aquel Café ¿Será que algún día llegaré a ser una Mamá Latte Macchiato?

8/5/17

Mamá Minivanera

Cuando estaba recién egresada de la universidad, platicaba con mis compañeros de trabajo sobre cómo nos veíamos en 10 años. Unos querían ser gerentes o directivos del banco donde trabajabamos, otros querían desarrollarse profesionalmente en una empresa transnacional, algunos querían tener su propio negocio y cuando llegó mi turno y dije lo que pensaba, todos se ríeron: “Yo me veo manejando una minivan y llevando a mis hijos a la escuela, a sus cursos, al parque. Por la mañana organizando cosas del hogar y de mi familia. Desayunando de vez en cuando con las amigas. Pero eso sí, lejos de este banco.”

Todos pensaron que lo dije en broma para romper la tensión que se genera en el área de sistemas cuando algo está fallando y las sucursales no pueden atender a los clientes como es debido. Pero no, mi respuesta salió desde el fondo de mi corazón.

Desde ese momento me pusieron como sobrenombre “mamá minivanera”, comentaban como gran anécdota mi ocurrencia y algunos me pidieron entre risas que cuando alcanzara mi sueño, no obstruyera el tráfico como lo hacen ese tipo de mamás por querer dejar a sus retoños justo frente a la entrada de la escuela.

Hoy, doce años después de aquella plática, soy una orgullosa mamá minivanera, tal y como me imaginé en aquel entonces. No obstruyo el tráfico y no les digo a mis hijos que se cuiden, les digo "¡disfruten el día y diviértanse!" ¿qué no es esa la razón por la que estamos en este mundo?
 
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